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Con voz propia

No nos moverán

3 min de lectura
No nos moverán
«God save the queer», Manomatic, 2018
Myriam Martín Cáceres

La firma

Myriam Martín Cáceres

Vicerrectora de Igualdad, Campus Saludable y Justicia Social

Estamos viendo cada vez más una población polarizada. Las redes sociales han dado altavoz a todas las personas por igual, pero que todas las voces tengan la posibilidad de ser escuchadas no significa que todas las opiniones sean igualmente válidas. Especialmente cuando algunas se construyen sobre la mentira, el supremacismo o la imposición de una única moral.

En otro momento social, probablemente muchas de estas opiniones caerían por su propio peso o perderían buena parte de su valor cuando voces académicas, desde las ciencias, la historia o el derecho, por poner algunos ejemplos paradigmáticos, mostraran argumentos sustentados en la evidencia científica, historiográfica o en aquello que establece la ley. Pero ya no parece ser así.

Influencers, voceras y voceros políticos y, lo que resulta todavía más preocupante, una parte de la prensa tradicional se hacen eco, sin demasiado pudor, de noticias falsas o de afirmaciones que carecen de fundamento. Algunas personas, seguramente, por pura ignorancia; otras, y aquí me atrevería a decir que por pura maldad, pero prefiero dejarlo en por intereses propios o partidistas, porque esas narrativas les resultan útiles.

Manomatic pintando. Manomatic es un artista grafitero pionero del arte urbano en Huelva especializado en artes visuales y diseño gráfico. Su obra trata en especial temáticas sociales enmarcadas en imágenes de hiperrealismo conceptual. «God save the queer» se realizó para el Festival Serpis Urban Project (Valencia), 2018. Técnica: graffiti.
Manomatic pintando. Manomatic es un artista grafitero pionero del arte urbano en Huelva especializado en artes visuales y diseño gráfico. Su obra trata en especial temáticas sociales enmarcadas en imágenes de hiperrealismo conceptual. «God save the queer» se realizó para el Festival Serpis Urban Project (Valencia), 2018. Técnica: graffiti.

Y es precisamente aquí donde está la parte que me ocupa y me preocupa: cuando estas voces empiezan a deshumanizar a las demás personas. Cuando alguien deja de ser reconocido como persona por su procedencia, su religión, su identidad sexual o su origen étnico, porque los discursos de odio no permanecen quietos, ya que se mueven, se transforman y se amplían. Y lo que empieza señalando unas diferencias termina alcanzando casi cualquier aspecto de nuestra vida. Ya no se trata solo del origen, la religión, la identidad o la pertenencia étnica. También se juzga la gordura, la estética, la forma de vestir, la vivienda que habitamos y un sinfín de cuestiones que forman parte de nuestra vida cotidiana, hasta el punto de que parece que siempre tiene que existir un “otro”, una “otra”, al que señalar, cuestionar o excluir.

Todo parece susceptible de convertirse en una trinchera, ya todo es facha o rojo. Se polariza la opinión sobre todo: sobre la literatura, el cine, la ropa, las tradiciones o la propia cultura. Y, mientras tanto, vamos perdiendo algo esencial: la capacidad de escuchar a las demás personas sin convertirlas inmediatamente en enemigas.

Y aquí es donde la Universidad no puede permanecer callada, al menos no cuando lo que está en juego son los Derechos Humanos o cuando se pretende invalidar la evidencia científica, historiográfica o legislativa. No cuando se deshumaniza a las personas o se cuestionan derechos que deberían estar fuera de cualquier batalla partidista. Aquí permaneceremos firmes en nuestros propósitos y, en aquellos aspectos que tienen que ver con la Justicia Social, no nos moverán un palmo. No nos moverán de la defensa de las personas más vulnerables, tampoco de la búsqueda constante de la equidad. No nos moverán de unas políticas feministas que entienden y respetan la diversidad en su triple vertiente: la discapacidad, la diversidad sexogenérica y los aspectos socioculturales.

Porque la Universidad tiene una responsabilidad que va mucho más allá de transmitir conocimientos: tiene la responsabilidad de generar conocimiento, contrastarlo, ponerlo al servicio de la sociedad y defenderlo cuando se pretende sustituir por prejuicios, bulos o intereses.

Y por eso me viene a la cabeza aquella canción que un grupo de amistades gritaba desde la Dorada varada en tierra, convertida entonces en símbolo de algo tan básico como la defensa del derecho a la vivienda: NO NOS MOVERÁN.

No nos moverán de la defensa de la Justicia Social.

No nos moverán de la defensa de los Derechos Humanos.

No nos moverán de la evidencia frente al bulo, del conocimiento frente al prejuicio y de la diversidad frente a quienes pretenden convertir las diferencias en fronteras.

Y no nos moverán porque tenemos algo que no se improvisa ni se construye a golpe de tendencia: el conocimiento generado desde la Academia, el pensamiento crítico y el compromiso con una sociedad más justa.

Desde ahí, con nuestra exper0, con nuestra capacidad para generar conocimiento y con la responsabilidad que la propia Universidad nos otorga, seguiremos estando.

Myriam Martín Cáceres

Vicerrectora de Igualdad, Campus Saludable y Justicia Social

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